domingo, 3 de junio de 2012

Intocables.

Tras un accidente de parapente, Philippe, un rico aristócrata, contrata a Driss como asistente y cuidador, un joven procedente de un barrio de viviendas públicas que ha salido recientemente de prisión —en otras palabras, la persona menos indicada para el trabajo—. Juntos van a mezclar a Vivaldi y “Earth, Wind & Fire”, la dicción elegante y la jerga callejera, los trajes y los pantalones de chándal. Dos mundos van a chocar y van a tener que entenderse mutuamente para dar lugar a una amistad tan demencial, cómica y sólida como inesperada, una relación singular que genera energía y los hace… ¡intocables!
  
En mi opinión: es algo grandioso, poder ver como esas dos diferencias de clases y de personas estén unidas por un fin común, el vivir la vida. Un tetrapléjico que pretende vivir hasta los 70 años gracias a los medicamentos sin salir de su rutina, hasta que aparece Driss, con ideas macabras como a la falta de aire llevarle a la orilla del mar en plena madrugada, tranquilizarle con una tierna caricia y un trapo húmedo la frente después de una mala . Un hombre que se cruza en la vida del otro para cambiarsela directamente, sin saber que él mismo acabaría siendo diferente a como entro. 

Es una explicación un poco enrevesada la mía, pero la falta de palabras con lo que poder describir las grandes experiencias que he podido vivir con esta película, es demasié. Recuerden, veán esta tragicomedia, "Intocables".