viernes, 21 de octubre de 2011

No hables.

No hables, no quiero oír las puñaladas procedentes de tu oscura boca y bífida lengua. Tú vista te delata, esa pupila dilatada, esa mirada nerviosa que está buscando ayuda en nuestro alrededor, esa gotita, pequeña y brillante que se desliza entre los surcos de tu frente, que resbala y desciende en caída libre hasta último resquicio de tu nariz, desde donde se tira al vacío en su último momento de existencia. Ya he visto que has vuelto a por tus recuerdos, o mejor dicho, las dagas que me dejaste clavadas en mi espalda aquel momento, mi querido traidor. ¡Oh! Perdona, ¿he dicho traidor? ¿Te he ofendido? No quería llamarte eso, quería decir “viejo amigo”. El tiempo ha pasado tanto para unos como para otros, pero sobre ti ha hecho aún más daño, pues tus palabras ya no son hirientes para mí.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Somos tan iguales… tan similares…

Por mucho que mires a una persona, por mucho que te fijes en sus cambios, en la forma de vestir,  en sus formas y expresiones, en su manera de pensar y escribir, seguirá siendo esa persona a la que conociste. Por muchos minutos, días, horas, meses, años…. seguirá siendo él, esa persona que era muy tímida a la hora de hacer amigos, la cuál más tarde estaba hay para ayudarte en tus problemas diarios, y la que, finalmente, terminó siendo tu diario y psicólogo personal, por todos los problemas y soluciones, alegrías y pesares, dudas y remordimientos que tenías. Da igual que le preguntaras, él tenía respuesta para todo. Cada vez que te veía dirigirte hacia él sonreía con una felicidad particular y te preguntaba: Supongo que ya te ha pasado algo, ¿a qué si pequeña? Yo sonreía y me ponía feliz. “Cómo me conoce”, pensaba cada momento que me decía eso.

Somos tan iguales… tan similares… que a veces no lo parece, pero, día a día, tan parecidos… tan diferentes… pero más semejantes que lo que a simple vista se puede observar.

domingo, 16 de octubre de 2011

¡Sssssst!.

                      ¡Sssssst!.
No hables, ¿para qué estropear el silencio si no hay nada mejor que decirnos?. Son innecesarias  las palabras cuando una simple mirada, un sencillo gesto dice todo lo que quieres decir. No es necesario mover las montañas para que un río fluya con sus peces, porque la tierra solo pide que se mantenga así, tal cual, ¿por qué cambiarlo si está bien? Solo sería estropear la imperfección que te hace única, la que hace de ti una persona ideal, la que un muchacho normal buscaría por ahí, no una princesa de mansiones y dinero, porque muchas de ellas son fachadas y poco corazón, las cuáles prefieren a un muchacho musculoso, que tenga dinero y yates, mientras lo que una persona busca, es simplemente, otra igual que él, que pueda tener una persona siempre a su lado y nunca le falle.



sábado, 15 de octubre de 2011

Todo te da igual, nada puede estropearlo.

Abre los ojos, mira en el techo, como esa pequeña grieta lo cruza a lo largo hasta llegar a la pared y piensas: “Habrá que taparla y repintarla, pero no será hoy.” Siéntate en la cama y piensa en lo que te deparará el día. Levántate con el pie izquierdo, dicen que da mala suerte, pero para eso está, para romper esquemas. Baja a la cocina y sírvete el desayuno. Al recoger, te das cuenta que volcaste el salero, pero nada, una nimiedad. Coges un poco de dinero y sales decidida hacia el kiosco, en lo que, a unos pasos te encuentras a un gato negro, y decides acercarte a él, cógelo y acarícialo, porque es un gato como los demás, y no hay motivo para discriminarlo. Lo posas y sigues  tu recorrido hacia la tienda. Llegas al puesto y compras tu revista favorita. De vuelta a casa, en la última esquina empiezas a sacar las llaves del bolso y se te cae el espejo y se te hace añicos, pero bueno, recogiste los trozos más grandes, los tiraste a una papelera cercana y pensaste: “Habrá que comprar otro”.
Cualquier persona después de todas estas malas pasadas se preocuparía, e incluso, les podría quitar el sueño, pero tú lo pasas por encima, porque son cosas que dice la gente y no necesitamos más preocupaciones, solo necesitamos llenar nuestra vida, nuestro tiempo, con diversión, bienestar y felicidad.

domingo, 9 de octubre de 2011

Toda opresión siempre tiene una sublevación...(3ª Parte)

Una vez llegados a la fábrica, derruida, entramos. Al oír el estremecedor chirrido de los oxidados goznes de la puerta,. Pensaba que lo que había en su interior sería igual o incluso peor de lo que observé desde fuera, pero fue todo lo contrario. Al entrar, me encontré abordado por el gentío, la cantidad de movimiento que aquel espacio cerrado albergaba. Las paredes estaban reconstruidas y puntadas, las lámparas reparadas y las vigas con muestra de haber sido restauradas. Luego esa inmersa superficie, ocupada por mesas redondas, reflejando la igualdad entre individuos con seis sillas en cada una y, al fondo, se podía ver un improvisado pero inmenso entablado.
*****
-Señor, no hemos encontrado a los rebeldes….
-¡Pues salid a la calle y no paréis hasta encontrarlos!
-Si, señor.

Bajo lentamente el brazo hasta colgar el teléfono. De repente, entro un agente en la sala, pero no dijo nada. Sr. Opresión levantó su mirada y se encamino hacia él, en lo que, por acto reflejo, el policía dio un paso atrás y dijo:
-Señor….esto…esto…- balbuceaba el agente, sin saber que decir.
-¡Hablad, o te prometo que lo lamentarás si no haces lo que te digo! –contestó bruscamente.
-Hay una revuelta señor.
 Hubo un corto pero incómodo silencio.
-¿Y qué me quieres decir con ello? Erradícala, como otras ocasiones. –respondió, irritado, mientras le empezaba a dar la espalda.
-Pero Señor, son miles de personas, y…-dudó en comentárselo, pero trago saliva y reanudó su informe- y se dirigen hacia aquí mi Señor, ya hemos dispuesto las prevenciones necesarias.
El Sr. Opresión se paró en seco, metió las manos en los bolsillos y le ordeno que se retirara. Saco el reloj de bolsillo y miró la hora, y de repente, estampó contra la pared. La esfera se quebró, las manecillas se pararon y la tapa se separo del reloj, donde se podía leer: “El tiempo se te ha acabado, solo podías retrasar lo inevitable, pero siempre llegará ese momento